13 jul 2026 · lifestyle · 5 min de lectura
una carta de amor al golf que casi desapareció

adidas y Metalwood demuestran que el futuro del golf no se construye únicamente en el campo. También se diseña desde la nostalgia, la moda y las comunidades que están cambiando el juego.
El golf siempre ha cambiado.
Solo que antes lo hacía más lento.
Cambiaban los palos.
Las pelotas.
La tecnología.
Los swings.
Pero durante décadas hubo algo que permaneció prácticamente intacto:
su cultura.
El golf era un deporte con códigos muy claros. Una estética propia. Una forma específica de vestir, de hablar y hasta de pertenecer. Parecía un universo cerrado que rara vez miraba hacia afuera.
Mientras el skate transformaba la calle.
El hip-hop transformaba la moda.
Y el diseño contemporáneo transformaba nuestra forma de consumir objetos.
El golf seguía vistiendo igual.
Hasta que una nueva generación comenzó a preguntarse algo muy sencillo:
¿Y si el golf también pudiera formar parte de la cultura?

ACTO I
adidas: la marca que convirtió el deporte en un lenguaje
Hablar de adidas es hablar de una empresa fundada en 1949 por Adi Dassler en Herzogenaurach, Alemania.
Pero esa historia ya la conocemos.
La que realmente importa comenzó décadas después.
Muy pocas marcas deportivas entendieron tan pronto que el rendimiento por sí solo no construye cultura.
adidas sí.
Lo entendió cuando Run-D.M.C. convirtió un par de Superstar en un símbolo del hip-hop.
Lo confirmó cuando Yohji Yamamoto cambió la forma de entender el lujo deportivo
con Y-3.
Lo volvió a demostrar con Pharrell Williams, Stella McCartney, Wales Bonner, Gucci y cientos de colaboraciones donde el deporte dejó de ser solamente competencia para convertirse en identidad.
adidas nunca ha colaborado únicamente para vender productos.
Colabora para abrir conversaciones.
Y esa misma filosofía terminó llegando al golf.
Porque el golf ya no era el mismo.






ACTO II
Metalwood: una carta de amor al golf que casi desapareció
En el otro extremo aparece Metalwood Studio.
Una pequeña marca nacida en Los Ángeles bajo la visión de Cole Young.
A simple vista parece una marca de ropa inspirada en los noventa.
Pero basta pasar unos minutos explorando su universo para entender que ocurre algo mucho más profundo.
Metalwood no vende nostalgia.
Preserva memoria.
Su inspiración nace en una época muy específica:
el golf de finales de los noventa y principios de los dos mil.
Fue un momento de transición.
Las maderas de persimón comenzaban a desaparecer.
Los drivers de titanio cambiaban para siempre el juego.
Las pelotas evolucionaban.
Los pantalones se volvían más amplios.
Los polos dejaban de ser rígidos.
El golf empezaba, lentamente, a parecerse al mundo que existía fuera del club.
Metalwood rescata precisamente ese instante.
No porque quiera vivir en el pasado.
Sino porque entiende que ahí comenzó el golf contemporáneo.
Mientras muchas marcas intentan imaginar el futuro, Metalwood recuerda el momento exacto en que ese futuro empezó.



Tiger Woods Michael Jordan

ACTO III
¿Por qué adidas eligió a Metalwood?
Porque comparten una idea.
Las mejores colaboraciones nunca ocurren porque una marca necesite otra.
Ocurren cuando ambas cuentan la misma historia con idiomas distintos.
adidas lleva décadas demostrando que el deporte puede convertirse en cultura.
Metalwood lleva años demostrando que la nostalgia puede convertirse en innovación.
Era cuestión de tiempo para que se encontraran.
Y el resultado no es una colección.
Es una conversación.

ACTO IV
El camino al tee
La mejor prueba de ello no está en las prendas.
Está en el cortometraje que acompaña el lanzamiento.
No vemos una campaña tradicional de golf.
No hay tomas heroicas.
No hay un swing perfecto en cámara lenta.
No hay un narrador hablando de rendimiento.
Vemos cuatro amigos intentando llegar a tiempo a su salida.
Conducen.
Bromean.
Escuchan música.
Cargan las bolsas.
Se mueven por Los Ángeles como cualquier grupo de amigos que juega golf un sábado por la mañana.
Incluso Collin Morikawa aparece como uno más del grupo.
No como una superestrella.
Eso cambia completamente la narrativa.
Porque el golf ya no empieza cuando clavas el tee en el suelo.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando eliges qué ponerte.
Cuando sales de casa.
Cuando compartes el trayecto con tus amigos.
Cuando el deporte deja de ser una actividad y se convierte en una forma de vivir.
Y quizá ese sea el mensaje más poderoso de toda la campaña.
ACTO V
La colección
La cápsula es deliberadamente pequeña.
Solo seis piezas.
Un polo.
Un windbreaker.
Un pantalón.
Una gorra.
Un guante.
Y el exclusivo MC70.
Pero lo interesante nunca fue la cantidad.
Fue la intención.
El pantalón incorpora una ventilación lateral que, al abrirse, revela discretamente las tres franjas de adidas.
El polo recupera referencias visuales de la línea Teamgeist de mediados de los años 2000.
Y el MC70 toma inspiración de los botines de fútbol clásicos de adidas, reinterpretados para el golf.
No son guiños evidentes.
Son detalles para quien sabe mirar.





Cinco detalles que probablemente no viste
• La campaña fue fotografiada por Ryan Thomas Murray, conocido por su estética documental y cinematográfica.
• El casting mezcla golfistas profesionales con creativos provenientes del skate y la moda, reforzando la idea de comunidad.
• Collin Morikawa nunca ocupa el lugar del héroe; comparte protagonismo con el resto del grupo.
• El pantalón revela las tres franjas únicamente cuando el usuario decide abrir el cierre lateral.
• Toda la campaña sucede fuera del golf tanto como dentro de él.
Y eso no es casualidad.
Cierre
Hace unos años, una colaboración como esta habría parecido imposible.
Hoy se siente inevitable.
Porque el golf ya no vive únicamente entre fairways.
Vive en cafeterías.
En estudios de diseño.
En galerías.
En tiendas de skate.
En ciudades como Los Ángeles, Seúl, Nueva York o Ciudad de México.
Y quizá esa sea la mayor transformación que ha vivido este deporte en décadas.
No la tecnología.
No los palos.
No la distancia.
La cultura.
Porque cuando el deporte deja de ser solamente un deporte…
empieza a convertirse en identidad.
Y adidas junto a Metalwood acaban de recordárnoslo.
Cuando el deporte encuentra la cultura, deja de ser únicamente un deporte.
— THE RAW GOLF




